Lo que nadie te cuenta sobre el transporte en Japón
Moverse por Japón puede parecer complicado al principio, pero el sistema está pensado para que millones de personas puedan utilizarlo cada día. Entre vagones abarrotados, trenes temáticos, bicicletas, autobuses y estaciones que parecen ciudades, hay unas cuantas cosas que probablemente te sorprendan.
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Paso a nivel y vías de un tren de cercanías junto a una estación de Japón.
El metro de Tokio mueve cada día a millones de personas y, aun así, es uno de los sistemas de transporte más puntuales del mundo. Si es tu primera vez en Japón puede ser un poco agobiante: miles de personas caminando en todas direcciones, muchas salidas, luces y sonidos nuevos, y estaciones tan grandes que parecen ciudades. La buena noticia es que, en cuanto entiendes cómo funciona, moverse por la ciudad se vuelve muy fácil.
Lo primero que necesitas es una tarjeta de transporte. Las dos más utilizadas son Suica y Pasmo, que en la práctica funcionan exactamente igual: sirven para entrar y salir del metro, para trenes y autobuses, e incluso para pagar en muchas tiendas o máquinas expendedoras.
La diferencia real está en quién las creó. Suica pertenece a la compañía ferroviaria JR East, mientras que Pasmo fue desarrollada por las compañías privadas del metro de Tokio. Sin embargo, para el usuario medio, esto no cambia nada.
Hoy en día, mucha gente ni siquiera lleva la tarjeta física. Si tienes un iPhone, puedes añadirla directamente desde la aplicación Wallet: pulsas el botón «+», eliges Suica o Pasmo y la recargas con Apple Pay. Después solo tienes que acercar el móvil al torniquete para entrar y salir. Y aquí viene un detalle bastante útil: incluso si el teléfono se queda sin batería, el sistema NFC puede seguir funcionando, así que normalmente podrás salir del metro sin quedarte atrapado en la estación. Además, te lo puedo confirmar por experiencia. También puedes pagar directamente con una tarjeta bancaria en lugar de utilizar una tarjeta de transporte.
La mala noticia es que el transporte en Japón puede resultar más caro que en algunas ciudades europeas. A diferencia de lugares como Madrid, donde existe un abono mensual muy barato para jóvenes, en Tokio el precio depende de la distancia que recorras. Como referencia, un trayecto corto suele costar alrededor de 170 yenes, mientras que uno más largo puede subir a unos 200 o 300 yenes. En otras palabras, normalmente pagarás entre uno y dos euros por trayecto medio. Pero si quieres hacer distancias largas de una hora o más, seguramente sea a partir de diez euros.
El sistema calcula el precio de forma automática: pasas la tarjeta al entrar y vuelves a pasarla al salir, y se descuenta exactamente el importe correspondiente al recorrido que hiciste.
Para conocer tu ruta, necesitas descargarte Google Maps, solo tienes que introducir tu punto de salida y tu destino, y te dirá todo lo que necesitas: la línea que debes coger, la dirección del tren, el número de paradas, el andén exacto e incluso la salida de la estación por la que debes salir.
Si sigues estas indicaciones, en realidad no necesitas entender los carteles en japonés. Y aun así, las estaciones están llenas de pantallas que ayudan mucho. Las que están en el andén indican cuándo llega el próximo tren y cuánto falta para que llegue. Y las de dentro de los vagones, muestran la siguiente parada, el tiempo que queda y las conexiones disponibles, en varios idiomas como inglés o coreano.
Otra curiosidad del metro es el sonido: cada estación tiene su propia melodía de salida, llamada hassha melody, que suena justo antes de que el tren cierre puertas. Están diseñadas para reducir el estrés de los pasajeros y ayudar a reconocer las estaciones por su sonido.
Incluso puedes escuchar cantos de pájaros por los altavoces cerca de las escaleras o las salidas para ayudar a aquellas personas con discapacidad que lo necesiten.
Los trenes del metro de Tokio suelen empezar a circular alrededor de las cinco de la mañana, y los últimos salen cerca de medianoche. Pero lo que realmente hace famoso al transporte japonés es su puntualidad. El tren bala japonés, el shinkansen, tiene un retraso promedio anual inferior a un minuto. Sí, menos de un minuto en todo un año.
Pero además de la impecable puntualidad, hay otras peculiaridades del transporte japonés que llaman especialmente la atención. Por ejemplo, los vagones para mujeres. Durante las horas punta, existen vagones reservados para ellas como medida para combatir el acoso en el transporte público. Japón ha tenido durante años un problema importante con el acoso sexual, por lo que ha implementado varias medidas. Y esta no es la única: en muchas estaciones encontrarás carteles en las escaleras mecánicas que advierten a las mujeres que tengan cuidado si llevan falda, ya que pueden producirse fotografías tomadas desde abajo.
Esto está relacionado con una característica de los teléfonos Apple que se venden en Japón: el sonido de la cámara no se puede silenciar para dificultar que alguien pueda hacer una fotografía de forma discreta.
Por otro lado, existen los oshiya, no son un mito. En algunas estaciones muy concurridas trabajan empleados cuya función es empujar a los pasajeros para ayudarles a entrar en los vagones cuando están completamente llenos y no pueden cerrarse.
Yo, que he tenido que ir a clase en tren a primera hora de la mañana, puedo confirmar que es una de las peores sensaciones que he vivido. Pueden llegar a llenarse hasta un punto en el que apenas puedes moverte, y a mí me han empujado varias veces porque, literalmente, era la única manera de conseguir entrar.
Además, es muy fácil perderse. Muchas estaciones de Tokio son enormes. De hecho, Shinjuku es una de las estaciones más transitadas del mundo, con millones de pasajeros cada día. Y no son simplemente lugares donde coger un tren: algunas están conectadas con centros comerciales, restaurantes, tiendas y todo tipo de servicios.
Algo que me llamó especialmente la atención es que es bastante habitual encontrar máquinas expendedoras, máquinas de gachapon, puestos de comida, tiendas, baños y hasta espejos para poder retocarte el maquillaje.
Y luego están los trenes temáticos. Pokémon, Hello Kitty, Snoopy… Hay líneas decoradas por completo con personajes para promocionar determinadas zonas de Japón. Un buen ejemplo es el tren de Hello Kitty operado por JR West, que fue creado para fomentar el turismo en zonas menos visitadas.
Pero que todo esto no te haga olvidar una realidad bastante más triste: en Japón existe una tasa de suicidio en el transporte, muy elevada. Cuando una persona se arroja a las vías o se produce un accidente grave, las compañías ferroviarias suelen utilizar el término jinshin jiko (人身事故), que literalmente significa «accidente humano».
Yo misma viví una situación de este tipo durante un trayecto en metro. El tren se detuvo y por megafonía comenzaron a informar de lo ocurrido. En estos casos, los avisos pueden ser únicamente en japonés, aunque a veces ofrecen una explicación breve en inglés.
En las pantallas aparece entonces que se ha producido un accidente o que hay una persona en las vías. Dependiendo de la situación, puedes esperar dentro del tren hasta que se reanude el servicio o continuar el trayecto por otra ruta. Es una situación bastante fría y extraña porque todo continúa funcionando y la gente no aparta la vista de su móvil a pesar de lo sucedido. A mí, personalmente, me dejó bastante mal cuerpo.
Pero el transporte en Japón no termina en el metro. La bicicleta es muy popular entre todas las edades. Es normal ver modelos con cestas delanteras y asientos traseros para llevar a niños pequeños. También puedes encontrar bicicletas eléctricas de alquiler a través de aplicaciones o incluso patines eléctricos, que se han popularizado en los últimos años.
Y luego están los autobuses con los que hay una pequeña diferencia respecto al metro: la forma de pagar puede variar según la zona. En algunos tienes que pasar la tarjeta al subir y al bajar, mientras que en otros solo se hace al final del trayecto. Si no tienes claro qué hacer, lo mejor es dejar pasar a algunos pasajeros y fijarte en lo que hacen. Y si sigues teniendo dudas, puedes preguntar al conductor en inglés; con un par de gestos suele ser suficiente para entenderse.
Con los autobuses hay una pequeña diferencia respecto al metro: la forma de pagar puede variar según la línea. En algunos tienes que pasar la tarjeta al subir y al bajar, mientras que en otros solo se hace al final del trayecto. Si no tienes claro qué hacer, lo mejor es dejar pasar a algunos pasajeros y fijarte en lo que hacen. Y si sigues teniendo dudas, puedes preguntar al conductor en inglés; con un par de gestos suele ser suficiente para entenderse.
Suelen haber pocos asientos y muchos están reservados o pensados para personas mayores, embarazadas o con otras necesidades. Las pantallas muestran las próximas paradas y, además, estas se anuncian por megafonía. Los conductores suelen llevar un pequeño micrófono con auricular y van dando indicaciones y las gracias a los pasajeros durante el trayecto.
Y aquí es muy importante que estes en silencio. No existe una norma que prohíba hablar, pero se espera que mantengas un volumen bajo. Mucha gente viaja sola y aprovecha el trayecto para leer, mirar el móvil o dormir. De hecho, es completamente normal ver a personas dormidas, incluso apoyadas en el hombro del pasajero que tienen al lado.
Y si vas a viajar entre ciudades, probablemente acabarás utilizando el shinkansen. Aquí conviene tener en cuenta que no es precisamente barato. Existen diferentes tipos de billete y opciones de asiento, desde los más básicos hasta los asientos reservados y los vagones Green Car, que ofrecen más espacio y comodidad. Puedes comprarlos directamente en las estaciones, tanto en las máquinas como en las ventanillas de venta, o a través de plataformas de reserva como Klook.
Además, hay diferentes opciones adicionales, como elegir asiento de ventanilla, reservar espacio para equipaje grande o intentar conseguir un asiento desde el que puedas ver el monte Fuji durante el trayecto.
Cartel de prevención contra el acoso en las escaleras mecánicas del metro en Tokio.

Interior de un autobús durante el recorrido, con sus característicos asientos y timbre de parada.


