Templos y santuarios en Japón: un guía antes de tu viaje

Templos y santuarios en Japón: un guía antes de tu viaje

Templos y santuarios en Japón: un guía antes de tu viaje

En Japón hay más de 150.000 templos y santuarios, y a simple vista pueden parecer todos iguales. Pero detrás de cada elemento, hay siglos de tradición sintoísta y budista que casi nadie te explica antes de visitarlos. Después de un año

En Japón hay más de 150.000 templos y santuarios, y a simple vista pueden parecer todos iguales. Pero detrás de cada elemento, hay siglos de tradición sintoísta y budista que casi nadie te explica antes de visitarlos. Después de un año

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En Japón hay más de 150.000 templos y santuarios repartidos por todo el país. Los ves entre rascacielos, en medio de barrios residenciales, al lado de carreteras. Están en todas partes, y sin embargo, para la mayoría de los turistas siguen siendo un misterio.

Al mudarme a Tokio cometí un error muy común: pensar que los templos eran solo atracciones turísticas famosas que no se usaban en el día a día. Sin embargo, la realidad es otra. Son espacios complejos, llenos de vida y fundamentales para la sociedad japonesa actual.

Como española viviendo aquí, he cometido errores más de una vez. Así que os cuento todo lo que he ido aprendiendo, para que a vosotros no os pase lo mismo.

Templo o santuario: cómo diferenciarlos

El primer error, y el más básico, es confundir un templo con un santuario. Si cruzas una gran puerta de madera, piedra o del icónico color rojo, llamada torii, estás entrando a un santuario sintoísta. Su entrada suele estar custodiada por los komainu, estatuas de leones-perro: uno tiene la boca abierta y el otro cerrada, simbolizando el principio y el fin de todas las cosas. También verás zorros, mensajeros de Inari, la deidad del arroz y la prosperidad.

Los templos budistas son diferentes, más orientado a la introspección. Su entrada no es un arco, sino una gran estructura de madera llamada sanmon, custodiada por los niō, unos guardianes de aspecto imponente. En el centro se encuentra el kondō (la sala principal), casi siempre con una gran estatua de Buda. Además, los templos suelen incluir pagodas, es decir, torres de varios pisos.

En resumen: si hay un torii, es sintoísta; si hay un Buda, es budista. Aunque, cuidado, a veces vas a encontrar elementos mezclados en un mismo sitio. En Japón conviven dos religiones: el sintoísmo y el budismo. Lo interesante es que estas religiones no dividen a la población, sino que conviven. Hay gente que se casa en un santuario sintoísta y tiene un funeral budista, y nadie lo ve como una contradicción. Los japoneses no entienden estas religiones como un dogma que hay que seguir ciegamente, sino como una cuestión de costumbre y tradición. Por eso, aunque casi el 60% diga que no es religioso, es totalmente normal verlos hacer el primer rezo del año o comprar un amuleto.

¿Se puede entrar y rezar sin ser creyente?

Sí, sin problema. Los extranjeros, no creyentes o creyentes de otras religiones pueden entrar y también rezar. Rezar aquí es más un acto de reflexión que una fe ciega. Eso sí, hay una forma correcta de hacerlo.

Para empezar, hay que hacer una reverencia al entrar. Después viene el ritual de purificación en el temizuya: mano derecha, luego izquierda, y un poco de agua en la boca, sin tragar (un error que ya cometí yo antes). Luego te acercas al altar, el honden, tocas la campana para avisar al kami de tu presencia, lanzas una moneda, haces dos reverencias, dos palmadas, pides tu deseo en silencio y terminas con una última reverencia.

Un detalle que me encantó descubrir: mucha gente usa monedas de cinco yenes por un juego de palabras. En japonés, cinco yenes se dice go-en, que suena casi igual que "buena suerte".

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Omamoris y el negocio detrás de la fortuna

Los omamori son amuletos que se venden para casi todo: aprobar exámenes, encontrar pareja, tener buena salud, viajar seguro. Se supone que protegen durante un año, y después deberías devolverlos al templo para que los quemen.

Muchos turistas simplemente se los quedan de recuerdo, yo entre ellos, hasta que aprendí que no era lo correcto. Tengo dos: uno rojo para tener buena suerte en general, y uno blanco para los estudios.

También se pueden dejar peticiones escritas en tablillas de madera, las ema, o en templos como uno de Kioto, en saquitos de tela llamados kukurizaru. Para dejarlas, hay que pagar.

Depende del templo: en algunos hay un puesto donde compras directamente amuletos o fortunas, y en otros puedes coger la tablilla y dejar tú mismo la cantidad de dinero, aunque nadie compruebe que lo haces. Y ahí surge una pregunta curiosa: si crees en la fortuna, ¿no sería contradictorio robarla? Si de verdad se tiene fe en ese objeto divino, también hay que creer en el karma y en las consecuencias de las malas acciones. Así que no, no deberías robar aunque nadie mire.

La realidad es que los templos en Japón salen caros. La mayoría tienen entrada gratuita, pero dentro casi todo implica gastar dinero: para rezar, para saber tu fortuna, para pedirla.

Los más comunes son los omikuji, predicciones de fortuna al azar. Agitas una caja de palitos numerados, abres el cajón que te toca y puede salirte desde "gran suerte" hasta "muy mala suerte". Si te toca mala, la atas en el templo para dejarla atrás.

Y luego están los goshuin, sellos caligráficos únicos que te escriben a mano en cada templo, que la gente colecciona en unos cuadernos especiales, los goshuincho.

La verdad es que es un negocio, y uno bastante bien organizado.

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©2026 Carlota HG.

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