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Un cocinero prepara okonomiyaki y fideos en una plancha de acero (teppan).
Cuando viajas a Japón, una de las dudas más típicas es dónde y qué comer. Hay tantas opciones que al principio puede ser un poco abrumador decidirte por una, sobre todo si no estás acostumbrado a la forma en la que funcionan los restaurantes allí. Pero con unos pocos consejos, es mucho más fácil orientarte y entender mejor cómo funciona su cultura gastronómica.
Para empezar, el ramen es probablemente una de las opciones más fáciles si no sabes qué elegir. Lo encontrarás por todas partes y suele ser bastante accesible. En muchos sitios tendrás que pedir en una máquina antes de sentarte, algo que al principio sorprende, pero es más sencillo de lo que parece: eliges el plato, pagas y te dan un ticket que luego entregas al personal. Es rápido, relativamente barato y no tienes que interactuar mucho si no quieres.
Además, cada local tiene su propio estilo, así que aunque comas ramen varios días, rara vez será igual. Los hay de pato, sardina, pollo y prácticamente de todo lo que puedas imaginar, así que intenta probar todos los que puedas.
Uno de los más conocidos entre los turistas es Ichiran, que se ha hecho especialmente popular en redes sociales. La gracia está en que comes en una especie de cubículo individual y te comunicas con el personal mediante un formulario en el que eliges los ingredientes y el nivel de picante. No hay camareros atendiendo la mesa de la forma tradicional, sino que tienes una cortina delante y un botón para llamar en caso de emergencia. Nunca llegas a ver quién te está atendiendo. Incluso hay pequeños bloques de madera con mensajes preparados para pedir utensilios extra o avisar de que hay demasiado ruido a tu alrededor.
En mi opinión, Ichiran está bastante turistizado y se ha convertido un poco en una atracción más de Tokio. Aun así, el ramen está rico y yo misma he ido muchas veces.
Esto también sirve para entender otra peculiaridad de muchos restaurantes japoneses, donde cada vez es más habitual pedir desde un dispositivo electrónico. Ahí tienes toda la información, eliges lo que quieres y haces el pedido desde tu sitio, sin necesidad de una carta impresa o de que un camarero tenga que venir a tomar nota. En algunos restaurantes incluso hay robots que llevan la comida hasta la mesa y a la hora de pagar, recoges tu ticket y haces el pago también a través de una máquina.
Otra opción muy útil para el día a día son los konbini, las tiendas de conveniencia como 7-Eleven, Family Mart o Lawson. Puedes encontrar desde los famosos onigiri hasta platos preparados que incluso puedes calentar allí mismo. Además, muchos están abiertos las 24 horas, lo que los hace todavía mejor.
Los onigiri son bolas de arroz, normalmente rellenas de algún ingrediente como atún y envueltas en alga nori. Son muy prácticos cuando quieres comer algo rápido y barato. El envoltorio puede parecer un poco complicado la primera vez, pero solo tienes que seguir los pasos que aparecen dibujados en el plástico.
Aunque a simple vista puedan parecer comida de supermercado, la calidad suele ser bastante decente y muchas veces te sorprende para bien. Son perfectos si no quieres gastar mucho o simplemente necesitas algo rápido entre planes. Además, muchos están abiertos las 24 horas, lo que los hace todavía más prácticos. Y si entras en un FamilyMart, prueba su famoso pollo.
Y siguiendo con las recomendaciones, merece la pena probar los dulces. En Japón hay muchísima variedad y algunos son bastante diferentes a los que estamos acostumbrados. A mí, por ejemplo, me encantan las tortitas japonesas, que son una versión esponjosas y ligeras de las tradicionales americanas.
También aconsejo comer en mercados como el de Tsukiji, en Tokio. Es uno de los lugares más conocidos y durante décadas fue uno de los mercados de pescado y marisco más grandes del mundo. Hoy ya no funciona como mercado mayorista, pero en sus alrededores todavía puedes encontrar muchos puestos donde probar pescado y marisco muy fresco.
El sushi, aunque sea probablemente la comida japonesa más conocida fuera del país, no siempre es como te lo imaginas. Puedes encontrar desde restaurantes más tradicionales hasta cadenas de kaiten sushi, donde los platos pasan por una cinta y tú vas cogiendo lo que quieres. Es una experiencia bastante divertida y, además, suele salir más económica que comer en un restaurante de sushi tradicional.
Aun así, el sabor puede ser diferente al que estás acostumbrado, sobre todo por el tipo de pescado o el arroz. Aquí lo mejor es ir sin demasiadas expectativas y probar.
Plato tradicional de hambāgu servido sobre una base de arroz acompañado de sopa de miso.
Una de mis cosas favoritas es que muchas veces la comida se sirve en pequeñas raciones, así que puedes probar varias cosas sin acabar demasiado lleno. Normalmente suele acompañarse de arroz y alguna verdura, y yo tengo una combinación que me encanta: mezclar el arroz con un huevo duro o un huevo pasado por agua y removerlo todo junto. Y, por supuesto, si hay sopa de miso, mejor todavía. Además, los precios suelen ser bastante baratos, por lo que puedes comer bastante bien sin gastar demasiado.
Pero si realmente quieres ahorrar, lo mejor son los izakaya, que son básicamente bares japoneses donde se va a beber y a picar algo. Suelen tener bastante ambiente, sobre todo por la noche, con grupos de personas que salen del trabajo. La comida está pensada principalmente para compartir: pollo, pescado, verduras… un poco de todo. Lo habitual es pedir varios platos para poner en el centro y compartirlos entre todos.
Eso sí, en algunas zonas muy turísticas hay que tener cuidado con ciertos locales que tienen precios aparentemente muy baratos y luego añaden impuestos por simplemente sentarse.
También merece la pena probar la comida callejera, como los takoyaki, unas bolitas de masa con pulpo dentro, o el okonomiyaki, una especie de tortita salada que se cocina a la plancha y a la que se añaden diferentes ingredientes. Son platos bastante típicos y fáciles de encontrar en mercados y zonas de comida.
Japón tiene muchísimos platos que merece la pena descubrir más allá del sushi y el arroz. Lo mejor que puedes hacer es investigar un poco antes del viaje y, una vez allí, dejarte llevar y probar cosas nuevas.
Otra cosa que ayuda bastante es fijarse en los escaparates. Muchos restaurantes tienen réplicas de plástico de los platos en la entrada, lo que hace todo mucho más fácil aunque no entiendas japonés. Y algo importante: no tengas miedo de entrar en sitios pequeños. Muchas veces son los mejores.
Puede parecer que son lugares pensados solo para locales, pero en la mayoría de los casos te atenderán sin problema, aunque sea a base de gestos y alguna palabra suelta en inglés. De hecho, algunos de los mejores sitios son los más sencillos y los que menos llaman la atención desde fuera.
Y por último, algo que suele pasar: hacer cola para comer. En Japón es muy normal ver filas en restaurantes populares y la gente espera sin problema. Muchas veces eso es buena señal. Además, todo suele ir bastante rápido. También es bastante común que te den agua gratis nada más sentarte, o incluso té en algunos sitios. No tienes que pedirlo y normalmente tampoco te lo van a cobrar.
Mesa de un izakaya con una pantalla digital para realizar los pedidos esde el asiento.
Callejón con pequeños restaurantes de ambiente local en Tokio.



